Dos equipos de investigación del Reino Unido concluyen que el calor extremo registrado durante los meses de junio, julio y agosto de 2026 provocó cerca de 50.000 muertes en el territorio analizado de Europa y que, de ellas, alrededor de 32.600 —aproximadamente dos tercios— son atribuibles directamente al cambio climático. Los trabajos, publicados en la revista Nature Health, fueron elaborados por investigadores del Imperial College de Londres y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la misma ciudad.
España en el epicentro del impacto
Los datos sitúan a España como uno de los países más golpeados por el recrudecimiento de las temperaturas. En las 90 ciudades españolas incluidas en los estudios se estiman 6.824 muertes adicionales relacionadas con el calor, de las cuales 5.227 —el 77% del total nacional estudiado— se atribuyen al cambio climático, dado que sin el calentamiento antropogénico no se habrían alcanzado las temperaturas que precipitaron esos fallecimientos.
Entre las urbes analizadas en 30 países europeos (los 27 de la Unión Europea más Reino Unido, Noruega y Suiza), Barcelona figura como la segunda ciudad con mayor número de muertes atribuibles al cambio climático: 1.587 de las 1.842 defunciones relacionadas con el calor registradas en la ciudad. Madrid ocupa la sexta posición, con 967 fallecimientos ligados al calor.
«Podemos afirmar con bastante confianza que es probable que el verano de 2026 haya sido el más mortífero jamás registrado en cuanto a mortalidad relacionada con el calor en gran parte de Europa».
La afirmación en el estudio proviene de una investigadora especializada en fenómenos meteorológicos extremos y cambio climático del Imperial College. Los autores subrayan que las cifras de 2026 superan por sí solas los picos previos documentados en 2022 (29.000) y 2003 (28.000) para la región estudiada, cuando se consideran únicamente las muertes atribuibles al calentamiento climático.
Contexto y metodología
Los trabajos combinan análisis epidemiológicos y modelos climáticos para diferenciar entre muertes atribuibles a olas de calor que habrían ocurrido en un clima sin influencia humana y aquellas que pueden ser vinculadas al calentamiento global. La aproximación permite estimar el número de decesos que no habrían sucedido de no ser por la modificación del clima provocada por actividades humanas.
Aunque los estudios cubren 854 ciudades en 30 países, las cifras aportan una lectura contundente para España: la potencia del fenómeno y su concentración en grandes áreas urbanas exponen vulnerabilidades en salud pública, infraestructuras y políticas de adaptación.
- Europa (zona estudiada): ~50.000 muertes por calor en el verano de 2026.
- Muertes atribuibles al cambio climático: ~32.600.
- España (90 ciudades): 6.824 muertes por calor; 5.227 atribuibles al cambio climático.
- Ciudades destacadas: Barcelona (1.587 muertes atribuibles al cambio climático), Madrid (967).
| Ámbito | Muertes por calor | Muertes atribuibles al cambio climático |
|---|---|---|
| Europa (zona estudiada) | ~50.000 | ~32.600 |
| España (90 urbes) | 6.824 | 5.227 |
| Barcelona | 1.842 | 1.587 |
| Madrid | 967 (atribuidas al calor) | |
Consecuencias y desafíos
Los resultados ponen de relieve la necesidad de reforzar las estrategias de salud pública y adaptación urbana para reducir la exposición y la fragilidad de la población frente a olas de calor más intensas y frecuentes. Los autores apuntan implícitamente al papel de las políticas de mitigación climática: sin una reducción sustancial de las emisiones, episodios de este tipo tenderán a repetirse y a intensificarse.
Para las administraciones españolas, las cifras refuerzan la urgencia de medidas dirigidas a la protección de grupos vulnerables —personas mayores, con enfermedades crónicas o en situación de exclusión—, el diseño de redes de alerta, la planificación urbana que reduzca el efecto de isla de calor y la adaptación de los servicios sanitarios y sociales.
Los estudios, publicados por instituciones con amplia experiencia en análisis de riesgo climático y mortalidad, configuran un diagnóstico cuantitativo que exige respuestas coordinadas a escala local, nacional y europea si se quiere atenuar el impacto humano de los veranos que ya son, según las evidencias, más cálidos por la acción humana.
El análisis se basa en los trabajos publicados en Nature Health por investigadores del Imperial College de Londres y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.